MOCIÓN PARA LA DIGNIFICACIÓN INSTUCIONAL DE DOROTEA SANTOS Y DE LOS MOTINES DEL PAN DE 1856 EN PALENCIA

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

Hay corrientes en la historia que fluyen en silencio durante décadas hasta que algo las hace desbordarse. El verano de 1856 fue uno de esos momentos. Por el Canal de Castilla, esa gran obra de ingeniería que atraviesa nuestra tierra de norte a sur, remontaban barcazas cargadas de harina y trigo mientras el pueblo de Palencia pasaba hambre y penurias. El agua del canal llevaba el pan ajeno hacia Europa y arrastraba consigo la dignidad de miles de familias jornaleras, obreras y menesterosas que no tenían nada con qué alimentar a sus hijos.

Años de penuria y presiones fiscales se habían agravado por la especulación de la harinocracia castellana al amparo de la Guerra de Crimea. El gobierno liberal levantó la prohibición de exportar el grano y la corriente mercantil fluyó en una sola dirección: hacia arriba dejando a los de abajo en una dársena de pobreza y falta de lo más básico. Los aranceles al cereal americano protegían los beneficios de los grandes comerciantes mientras la mortalidad infantil aumentaba, la mortalidad infantil era alta y el hambre diezmaba los barrios populares de nuestra ciudad.

La mañana del 22 de junio de 1856, en Valladolid y posteriormente en Medina de Rioseco las mujeres son protagonistas al tomar la iniciativa. El día después, vísperas de San Juan la revuelta remonta hasta Palencia. Una manifestación multitudinaria con fuerte presencia de mujeres partió del barrio industrioso de La Puebla, recorrió la Calle Mayor y se dirigió a las harineras del Sotillo y Viñalta, prendiéndolas fuego. No eran saqueos: era la rabia organizada de quienes no tenían nada más que perder.

Miles de personas, prácticamente un tercio de la población de Palencia en la época, se levantaron en aquella rebelión. La infancia popular participó como sujeto político activo. Las mujeres encabezaron las acciones. Y al frente de todas ellas, liderando la protesta con una valentía que la historia debería haber grabado en piedra hace mucho tiempo, estaba Dorotea Santos, una joven de apenas diecinueve años.

La represalia del Estado fue fulminante e implacable. Ante las harineras aún humeantes, comenzaron las ejecuciones. El 29 de julio de 1856, en las inmediaciones de lo que hoy son las Once Paradas, fueron fusilados cuatro varones palentinos: Carlos Molina Fernández, de 32 años; Maximinio del Río Arribas, de 25; Manuel Alejo Martín, de 23; y Gregorio Fernández Guerra, de 22. En ese mismo lugar, Dorotea Santos fue ajusticiada a garrote vil, convirtiéndose en unos de los casos más emblemáticos de la represión posterior a los motines del pan, porque los soldados se negaban a dispararle. El 4 de julio fueron fusilados otros cinco hombres y Tomasa Bartolomé Pérez, de 47 años, madre de seis u otros hijos, medio ciega, con un brazo roto por la milicia durante las protestas. El 24 de julio fue ejecutado Blas Martínez Minguez, de 28 años. Aproximadamente sesenta mujeres más fueron encarceladas, muchas con bebés en brazos. El agua de la historia no olvida sus muertos, ni esta ciudad tampoco debe hacerlo.

Pero la corriente no se detuvo. Durante todo el verano y parte del otoño de 1856, la Meseta Norte ardió en un ciclo de acción y resistencia que hizo caer al propio gobierno de Espartero. Aquella brasa que prendieron las clases populares de Palencia y otros puntos de Castilla sigue viva bajo el agua del tiempo.

El Ayuntamiento de Palencia no puede seguir siendo una orilla muda ante este legado. Tiene el deber moral e histórico de reconocer, dignificar y preservar la memoria de quienes pusieron sus vidas -y las perdieron- en defensa de la justicia. Esta moción es un cauce para mantener la memoria viva y el recuerdo de aquellas personas palentinas que a mediados de siglo XIX desbordaron nuestras calles buscando dignidad.

Por todo esto, el Grupo Municipal de Izquierda Unida-Podemos, propone al Pleno del Ayuntamiento, la adopción de los siguientes

ACUERDOS

PRIMERO: Que el Pleno del Ayuntamiento de Palencia reconozca oficialmente los Motines del Pan de 1856 como parte fundamental e irrenunciable de la memoria histórica popular de la ciudad, incorporando su divulgación en los programas culturales y turísticos.

SEGUNDO: Que el Ayuntamiento promueva la instalación de una estatua o monumento en los Jardinillos en homenaje a Dorotea Santos y que éste sea un reconocimiento público e indeclinable a todas las mujeres que encabezaron aquella lucha popular.

TERCERO: Que el Ayuntamiento nombre una calle, plaza o vía pública de Palencia con la denominación “Motines del Pan”, como acto de justicia histórica y reconocimiento.

CUARTO: Que el Ayuntamiento instale una placa conmemorativa en las Once Paradas, lugar donde estaba una de las harineras y fueron fusilados cuatro palentinos a modo de recuerdo y dignificación histórica de aquel lugar.

En Palencia, a 11 de junio de 2026.